La industria textil profundiza su crisis: cae la producción y se acelera la pérdida de empleos.
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PRINCIPALECONOMÍA
10/2/2026


La industria textil atraviesa uno de sus períodos más complejos de los últimos años. La producción continúa en retroceso, las fábricas trabajan con una parte importante de su capacidad ociosa y la caída de la actividad ya tiene un impacto directo sobre el empleo y la cantidad de establecimientos que permanecen abiertos.
De acuerdo con los últimos datos disponibles de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), la actividad acumuló durante el primer semestre una caída del 24,4% interanual. El retroceso fue muy superior al registrado por el conjunto de la industria manufacturera, que en el mismo período tuvo una baja del 2,2%.
El deterioro también se refleja en el uso de la capacidad instalada. En junio, las empresas textiles utilizaron el 46,6% de su potencial productivo, frente al 59,1% correspondiente al promedio industrial. Aunque el indicador mostró una mejora respecto de mayo, quedó por debajo del nivel registrado un año antes.
La menor producción tuvo consecuencias sobre el mercado laboral. En mayo, el sector textil, junto con confección, cuero y calzado, contabilizó 93.952 puestos de trabajo formales, unos 16.200 menos que un año atrás. Desde diciembre de 2023, la pérdida acumulada supera los 26.800 empleos registrados.
El cierre de empresas constituye otro de los efectos de la crisis. Entre diciembre de 2023 y mayo de 2026 desaparecieron alrededor de 750 establecimientos vinculados con los segmentos de textiles y confección, lo que representa un promedio cercano a 30 cierres por mes durante ese período.
La situación también repercute sobre las decisiones de inversión. Entre enero y julio de este año, las importaciones de maquinaria textil alcanzaron unos 70 millones de dólares, un 27,5% menos que durante el mismo período de 2025. Para las empresas del sector, la menor incorporación de equipamiento refleja la incertidumbre sobre la evolución de la demanda y las condiciones de producción.
Otro de los factores que atraviesa al sector es la evolución de los precios. Las prendas de vestir, el cuero y el calzado registraron aumentos inferiores a la inflación general, lo que limita la posibilidad de trasladar los mayores costos a los consumidores. En julio, estos productos bajaron 1,3% mensual y acumularon un incremento interanual de 11,5%, frente al 33,8% del índice general de precios.
En paralelo, el perfil de las importaciones también cambió. Mientras disminuyeron las compras externas de materias primas, hilados y determinados tipos de tejidos, aumentaron las importaciones de productos terminados. Durante el primer semestre, las compras externas de prendas crecieron 60,1% y las de confecciones aumentaron 25,8%.
Las exportaciones, en cambio, mostraron una evolución positiva. Las ventas externas de la cadena textil crecieron 61% interanual durante los primeros siete meses del año y alcanzaron unos 329 millones de dólares. El incremento estuvo impulsado principalmente por los hilados, cuyas exportaciones aumentaron de manera significativa.
Frente a este escenario, el Gobierno, empresarios y sindicatos mantienen un esquema de alivio para el sector que contempla una reducción temporal de la carga laboral para las compañías adheridas. El acuerdo fue extendido para los salarios correspondientes a agosto, septiembre y octubre y establece que una parte importante de las remuneraciones sea considerada no remunerativa, con el objetivo de reducir los costos laborales y contener despidos.
La industria, sin embargo, continúa reclamando medidas que permitan recuperar competitividad y sostener la actividad. Mientras las empresas enfrentan una demanda interna debilitada y una mayor presencia de productos importados, los indicadores de producción, empleo e inversión muestran que el sector todavía no encuentra un punto de recuperación.
La industria textil profundiza su crisis: cae la producción y se acelera la pérdida de empleos.
El sector acumula una fuerte contracción durante 2026 y continúa operando con niveles reducidos de capacidad instalada. La caída de la actividad se combina con el cierre de establecimientos, menor inversión y una pérdida significativa de puestos de trabajo registrados.